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TODO EMPIEZA EN LA INFANCIA

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TODO EMPIEZA EN LA INFANCIA

Mensaje  Francisco de Sales el Sáb 16 Dic 2017 - 17:56

TODO EMPIEZA EN LA INFANCIA

"Tus hijos no tendrán éxito gracias a lo que hayas hecho por ellos, sino gracias a lo que les hayas enseñado a hacer por sí mismos".
Ann Landers


En mi opinión, que parece muy drástica pero que es muy lógica, no permitiría que pudiesen tener hijos los interesados en ser padres… si previamente no han hecho un Curso de 3 años de Psicología Infantil, han estudiado unas nociones importantes de Pediatría –otros 3 años por lo menos-, 6 cursos de Logopedia, que sepan de Primeros Auxilios, practiquen yoga-meditación-zen-control mental, hayan hecho una psicoterapia completa en la que hayan resuelto todos sus traumas y miedos, y estén entrenados para pasar 48 horas sin dormir sobreviviendo a la experiencia.

Hay un poco de ironía en lo escrito, por supuesto… pero no es tan descabellado como parece.

La realidad es que no es suficiente con dejarse llevar por el instinto materno o paterno, ni basta con tener buena voluntad y querer hacerlo bien, ni es suficiente con el amor incondicional de los padres.

No se trata de hacer todo lo posible para que los hijos sobrevivan, sino que se trata de educarlos, enseñarles a afrontar la vida, prepararles para ser Personas, no traumatizarles, permitirles que sean ellos mismos en vez de hacer de ellos el prototipo que deseamos que sean…

Se trata de crear una Persona que sepa vivir y disfrutar la vida, que no sufra por aquello que no es necesario sufrir, que sepa manejarse bien con sus emociones y sentimientos, que tenga empatía con el resto de personas, que sepa lo que tiene que hacer y cómo para ser feliz, y que a lo largo de su estancia en el mundo viva con la sensación placentera de estar satisfecho de sí mismo.

¿Cuántos padres consiguen esto? Poquísimos. O tal vez menos que poquísimos.

La cruda y doliente realidad es que en la inmensa mayoría de los casos los padres –ambos- no dan las pautas necesarias para la optimización de la vida, y en demasiados casos pretenden que sus hijos sean aquello que ellos no han llegado a ser, y les sobrecargan de unas expectativas que sus hijos no han pedido y que, posiblemente, no estén capacitados para cumplir.

Decía Antonio Blay –más o menos- que educar a un hijo debería consistir en lograr tres objetivos:
1 – Enseñar los modos sociales de convivencia.
2 – Transmitir un patrimonio cultural.
3 – Fomentar que cada hijo llegue a ser él mismo.

“Ser él mismo” quiere decir que no acabe siendo lo que se le quiera imponer, que no se le modifique en su esencia creando para él un personaje hecho a la medida de los intereses de los padres, sino descubriendo quién es y fomentando quien ya es por naturaleza, porque desarrollando ese que ya es en esencia y potencia es como logrará la plenitud de ser él mismo.

Los padres tienen que ser muy conscientes de esto: su hijo no tiene ni idea de lo que es la vida y lo que le espera. Y esto parece que se olvida y se da por supuesto que algunas cosas ya las tienen que saber. Pues no las saben.

El hijo tiene que aprenderlo todo, así que el varón se fijará en su padre, y le tomará como modelo para aprender a ser hombre, a ser esposo, y a ser padre, y lo que es el arquetipo masculino. De su madre aprenderá el arquetipo femenino, ya que tendrá que usar en algunas ocasiones, a lo largo de su vida, lo que el arquetipo representa.

La hija tiene que aprenderlo todo, así que se fijará en su madre, y la tomará como modelo para aprender a ser mujer, a ser esposa, y a ser madre, y lo que es el arquetipo femenino. De su padre aprenderá el arquetipo masculino, ya que tendrá que usar en ocasiones, a lo largo de su vida, lo que el arquetipo representa.

Del ejemplo que se les dé durante la educación –y posteriormente- es de donde van a aprender. Aquí no vale eso de “Tú haz lo que yo diga y no lo que yo haga”, porque ellos copiarán el modelo tanto en virtudes como en defectos.

La responsabilidad es doble: uno tiene que hacer que concuerden sus dichos y sus hechos, porque el hijo va a tomar ambas cosas como referencia, pero le va a dar más valor a lo que ve.

Se dice que el mejor modo de educar a un hijo es siendo feliz. Si uno es feliz como persona, y como esposo o esposa, y como padre o madre, eso se lo va a transmitir e inculcar a sus descendientes.

Si en el hogar hay tensión, si los esposos no se dan muestras de cariño, si no les hacen sentirse queridos a los hijos, si no se les da la atención que requieren, los ánimos que merecen, la confianza que necesitan… se están criando hijos condenados al fracaso como personas, o pueden ser personas que acabarán padeciendo una vida emocionalmente insana y terminarán al cuidado de un psicólogo o un psiquiatra.

¿Parezco un poco drástico y trágico? Tal vez. Pero puedo asegurar que no exagero especialmente y que no me equivoco mucho. Son ya muchos años de escuchar cientos de historias de personas cuyo comienzo fue la educación –más bien la des-educación- por parte de unos padres que no suplieron con su buena intención lo que requiere ese difícil y responsable oficio de ser padres.

No pretendo prejuzgar la capacidad de los padres para hacerlo bien, y menos de TODOS los padres –para que nadie se dé por aludido-, pero la educación de un hijo atraviesa diversas etapas, y hay que estar preparados para cuando son bebés, para cuando empiezan a hablar, rompen las primera cosas, no quieren ir al colegio o ponerse a estudiar, traen suspensos, los noviazgos y sus correspondientes dramas, la carrera, el trabajo, el matrimonio… y luego hay que estar preparados para la nueva profesión de abuelos, que se puede dar.

Hacerlo bien durante todas esas etapas requiere estar preparados. Y es algo que la mayoría de los padres no tienen en cuenta.

Todo lo escrito es solamente una sugerencia. O tal vez sea algo más…

¿Has sido bueno como padre o madre?, ¿lo estás siendo?, ¿puedes mejorar?, ¿eres ahora más consciente de tu responsabilidad?, ¿puedes cambiar ahora –si estás a tiempo- alguna de tus actitudes o modos?

Tal vez te interese volver al principio y leerlo de nuevo.


Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

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Francisco de Sales

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