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El Aguila y el gallinero

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El Aguila y el gallinero

Mensaje  Almad-Zen el Miér 29 Jul 2009 - 23:19

Cuentan que hace mucho tiempo, en una montaña sagrada de la India, sucedió que en el nido de la reina del aire del lugar, papá águila, al regresar con comida para sus pequeñas, vió que uno de los huevos todavía sin abrirse había desaparecido. Inmediantamente se lanzó nuevamente al vuelo y lo buscó por todas partes sin poder encontrarlo. Lo que había sucedido es que con el movimiento que hacía el polluelo para romper el cascarón, éste se salió del nido y rodó montaña abajo. De forma milagrosa no se rompió y fue a detenerse en el gallinero de la granja situada a su falda, cayendo justo donde mamá gallina estaba empollando a sus polluelos. Pasado el tiempo, papá águila, que no había perdido la esperanza de encontrar a su polluelo, sobrevolando por encima de aquel gallinero observó un hecho sorprendente: otra águila como ella, reina de los cielos y mortal depredadora, estaba conviviendo con las gallinas. No dando crédito a lo que miraba, dirigió su vuelo hacia allí para averiguar que ocurría. Al aterrizar en el lugar, todas las gallinas se escaparon menos el águila que estaba maravillada de contemplar un ave tan hermosa y de un vuelo majestuoso. Acercándosele con profunda irrtación, comenzó a preguntarle cómo un águila, podia vivir allí encerrada en un gallinero y conviviendo con simples aves como aquéllas. Pero fue inútil, siempre recibía la misma respuesta:-Cocorocó, yo soy una gallina... cocorocó, yo soy una gallina...
Viendo que a pesar de su insistencia no solucionaba el problema, se alejó despavorida a ocultarse en su nido. Y cuenta la leyenda que desde entonces nunca más volvió a vérsela por los cielos.
MORALEJA; Muchas personas se pasan la vida cacareando: ¨no puedo hacerlo, soy un don nadie...¨ Llevan una vida de gallinas, con miedo a todo y sin moverse de donde están, conformándose con las calamidades que creen que la vida les otorga, sin atreverse a mover un dedo por mejorar, e incluso con miedo a reconocer que a poco que lo intentaran podrían conseguirlo.
Todos los seres humanos, como el águila en el cierlo, han sido creados para ser los dueños de la vida y del destino. Pero algunos prefieren pasarse el día lamentándose y viviendo una vida penosa y miserable.
Esta historia es mi homenaje personal, a todos aquellos buscadores de la verdad, a todos aquelllos que miran al Sol con la esperanza de encontar la senda espiritual, lo sublime, el despertar de nuestra sabiduría interior, la decima revelación, el contacto con lo divino, cabalgando en un rayo de luz hacia el amor eterno...

Condúceme de lo irreal a lo real, de la ignorancia a la luz, de la muerte a la inmortalidad.

Un abrazo para todos Almad-Zen

Almad-Zen

Cantidad de envíos: 31
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Edad: 43

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Re: El Aguila y el gallinero

Mensaje  travelerlh el Jue 30 Jul 2009 - 0:40

Me hiciste acordar de esta moraleja

EELL EELLEEFFAANNTTEE
EENNCCAADDEENNAADDOO
—No puedo –le dije— ¡NO PUEDO!—¿Seguro? –me preguntó el gordo.—Sí, nada me
gustaría más que poder sentarme frente a ella ydecirle lo que siento... pero sé
que no puedo.El gordo se sentó a lo Buda en esos horribles sillones azules
deconsultorio, se sonrió, me miró a los ojos y bajando la voz (cosaque hacía
cada vez que quería ser escuchado atentamente), medijo:—¿Me permites que te
cuente algo?Y mi silencio fue suficiente respuesta.Jorge empezó a contar:Cuando
yo era chico me encantaban los circos, y lo que más megustaba de los circos eran
los animales. También a mí como aotros, después me enteré, me llamaba la
atención el elefante.Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de
peso
tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación yhasta un rato antes
de volver al escenario, el elefante quedabasujeto solamente por una cadena que
aprisionaba una de suspatas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo demadera apenas enterrado
unos centímetros en la tierra. Yaunque la cadena era gruesa y poderosa me
parecía obvio queese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su
propiafuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El
misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no
huye? Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en
lasabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, aalgún padre, o a
alguna tía por el misterio del elefante. Alguno
de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estabaamaestrado—
Hice entonces la pregunta obvia: —Si está amaestrado ¿por qué lo
encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y laestaca... y sólo lo
recordaba cuando me encontraba con otrosque también se habían hecho la misma
pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para míalguien
había sido lo bastante sabio como para encontrar larespuesta: El
elefante del circo no escapa porque ha estado atado auna estaca parecida desde
que era muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién
nacidosujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el
elefantitoempujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo suesfuerzo
no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría
que se durmió agotado y que al día siguientevolvió a probar, y también al otro y
al que le seguía...
Hasta que un día, un terrible día para su historia, elanimal aceptó su
impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso,
que vemos en el circo,no escapa porque cree –pobre— que NO PUEDE. Él
tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquellaimpotencia que sintió poco
después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a
cuestionarseriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a
prueba su fuerza otravez...

—Y así es, Demián. Todos somos un poco como ese elefante delcirco: vamos por el
mundo atados a cientos de estacas que nosrestan libertad.Vivimos creyendo que un
montón de cosas “no podemos”simplemente porque alguna vez, antes, cuando
éramoschiquitos, alguna vez, probamos y no pudimos.

Hicimos, entonces, lo del elefante: grabamos en nuestrorecuerdo:NO PUEDO... NO
PUEDO Y NUNCA PODRÉHemos crecido portando ese mensaje que nos impusimos
anosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar.Cuando mucho, de vez en
cuando sentimos los grilletes,hacemos sonar las cadenas o miramos de reojo la
estaca yconfirmamos el estigma:¡NO PUEDO Y NUNCA PODRÉ!Jorge hizo una larga
pausa; luego se acercó, se sentó en el suelofrente a mí y siguió:Esto es lo que
te pasa, Demián, vives condicionado por elrecuerdo de que otro Demián, que ya no
es, no pudo.Tu única manera de saber, es intentar
de nuevo
poniendo en elintento todo tu corazón...

travelerlh

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